Hoy amanecimos en El Candelero, ubicado en la parte occidental de la Isla Espíritu Santo. Desayunamos a las 7:00, como todos los días, y mientras saboreábamos los chilaquiles de Beni, el cocinero (que por cierto nos tiene bastante consentidas con menú sin picante, quesadillas a pedido, y canciones románticas que rompen los vidrios) el barco se dirigía hacia nuestra siguiente aventura. Aprovechando el momento, Larry dio la primera charla del día (ningún mareado aparente) sobre el incremento de la descarga de nutrientes y su relación con zonas de hipoxia en el ambiente marino… el caso nos hizo pensar sobre el efecto acumulativo de nuestros actos y la ignorancia de muchas personas durante el proceso.
Después de esta intensa reflexión, mientras aún intentábamos digerir los alimentos, Bill Shaw nos presentó un interesante caso de reserva privada que se estableció bajo un esquema de servidumbre ecológica que tiene como finalidad conservar los recursos donde los asentamientos humanos y la naturaleza conviven de manera armónica. Esto nos impulsó a pensar de forma creativa para lograr estrategias de conservación que respondan de manera rápida y efectiva a las necesidades actuales, de otra manera la biodiversidad se puede ver aún más comprometida. Finalmenteeeeee llegamos a San Gabriel, sitio en donde hicimos snorkel. Este sitio se ubica en una bahía en la parte oeste de la isla, el lugar contiene parches de coral bien desarrollados y habitados por una gran cantidad de estrellas, pepinos, peces coloridos, de gran tamaño, y depredadores tope como las morenas. Pero antes de los arrecifes nos movimos en pangas hacia un estuario, hábitat de crías y juveniles de peces y crustáceos que luego formarán parte de dicho arrecife. Antes de sumergirnos en el agua nos entretuvimos con un sinfín de vida de la zona intermareal: anémonas, camarones, pepinos y babosas de mar, estrellas y ofiuros de diversos tamaños. Éstos últimos organismos son bellísimos, se mueven muy rápido, y junto con una Aplysia que se defendió de nosotros liberando una tinta violácea, captaron nuestra atención con mucho entusiasmo, curiosidad, y robándonos expresiones como WOOOOOOOWWWWWWW!!!!!.

Zona de arrecife coralino en el área de no pesca de la Bahía de San Gabriel en Espíritu Santo (Foto Arturo Hernández)
La vida en el estuario es súper diversa, y el estar allí nos hizo apreciar y reconocer todo lo que los profesores nos han enseñado a lo largo de este curso, especialmente su conexión con la vida arrecifal. Luego de nuestro paso por las adyacencias del manglar, las pangas nos vinieron a buscar y justo antes de partir nos percatamos de algunas botellas de plástico y una bolsa que estaban en la zona de resaca de las rocas…… sorprendiéndonos por su contenido…… negocio ilícito!!!. Fue interesante ver hasta donde llega la influencia del submundo humanoide. Después de comentarios divertidos sobre el paquete marchamos hacia las formaciones coralinas. Nadamos hasta la playa y la verdad que la belleza, colorido y tamaño de los animales en esta reserva fue increíble, inolvidable!!.
Volvimos al Don José, almorzamos, nos tomamos una hora de receso y nos preparamos para la visita de Lucía, joven bióloga integrante de Niparajá y líder de la campaña que demostró que tanto los paceños como los sudcalifornianos valoran sus playas y desean seguir disfrutando libremente de la icónica Balandra. Es un esfuerzo de la comunidad verdaderamente ejemplar.
Seguimos con la última charla del curso, que fue ad libitum y dictada por Larry, el ecólogo y tortuguero de la Universidad de Duke. Y decimos así porque los profes colgaron una sábana/pantalla en la parte superior del barco, y mientras escuchábamos las palabras sabias de Larry miramos el atardecer, el hongo, la luna llena que ya estaba en el cielo y Ma Kai (“hacia el océano” en el idioma nativo de los Hawaiianos). Ahora, mientras escribimos estas palabras, escuchamos la alegría de las voces de todos. Estos 9 días juntos de verdad han sido importantes para, ya que todos nosotros, gente de diferentes países, culturas, y actividades profesionales, nos juntamos para aprender y compartir sobre algo que queremos recuperar: nuestra convivencia en armonía con el entorno y los demás seres vivos. La semillita está plantada. Esperamos que la Madre Naturaleza nos ayude a esparcirla por el mundo.

